Esta semana Apple lanzó el iPhone Duo. Primer teléfono plegable de la compañía. Pantalla de 7.6 pulgadas. USD 1,999.
Y lo primero que pensé no fue “qué pantalla tan grande.” Fue “a ver cómo resuelven esto.”
Porque doblar una pantalla no es un problema de ingeniería. Es un problema de diseño. Y el diseño tiene preguntas que no se resuelven con especificaciones: ¿Qué pasa cuando tienes dos mitades de pantalla y una app que no sabe cuál usar? ¿Cómo sostienes algo así con una sola mano sin que se sienta raro? ¿El pliegue que queda en el medio es funcional o es solo una cicatriz que te recuerda todo el tiempo que la pantalla se dobla?
La diferencia entre un producto que se siente resuelto y uno que se siente a medias no está en los materiales. Está en si las decisiones de diseño responden a cómo la gente realmente usa las cosas, o a lo que se ve bien en un video de lanzamiento.
Ojo, amo Apple con locura. Pero no se si me convence…



