Mucho de lo que escribíamos para vender tenía humo.
Lo digo sin vergüenza, porque me tomó un libro verlo.
Palabras que suenan bien. Frases que no dicen nada. Adjetivos para parecer más grandes. Y bastante ego: hablar de nosotros cuando el lector solo quería saber qué gana él.
El libro es 300 palabras, de Isra Bravo. Es uno de mis autores favoritos. Y me cambió no solo cómo escribo, sino cómo pienso.
La idea que más me pegó: escribir es pensar en el otro, no en lo que quiero decir yo. Menos palabras, más intención.
En una empresa como MWS eso no es un detalle. Vendemos con palabras todos los días: propuestas, correos de seguimiento, las páginas que entregamos a los clientes.
Así que empecé a quitar.
Quitar lo que sobra. Quitar lo que adorna pero no explica. Quitar lo que dice “mira qué buenos somos” en lugar de “esto es lo que vas a resolver”.
Esta nota pasó por ese filtro.
Lo que me sorprendió es que escribir así se nota en cómo decides. Cuando no te escondes detrás de palabras bonitas, ves rápido si una idea tiene fondo o no.
Los libros que valen la pena no son los que solo subrayas. Son los que cambian lo que haces el lunes.
Eso mismo intento llevar a los talleres de IA. Ayer dimos el tercero para la Cámara Francesa, sobre fundamentos y orquestación. Sin humo, con ejemplos reales.
Si organizas un evento o diriges un equipo que quiere entender la IA de forma práctica, respóndeme este correo y conversamos sobre una charla o un taller.
Roberto
P. D. Esta nota tiene menos de 400 palabras. Isra estaría medianamente orgulloso.

