Kilómetro 8.
Me comenzó un dolor en la rodilla.
Mi cabeza me dijo que ya era suficiente.
No el cuerpo. La cabeza.
Y ahí está la trampa. Porque el cuerpo aguanta más de lo que crees. El que se rinde primero siempre es el otro.
Cambié la posición del pie. No me importó el dolor. Seguí corriendo. Terminé.
No te cuento esto para inspirarte. Te lo cuento porque ese kilómetro 8 existe en todo. En el proyecto que llevas tres semanas sin cerrar. En la conversación que evitas. En el hábito que abandonas justo cuando iba a volverse automático.
El momento exacto en que quieres parar es, casi siempre, el momento en que falta menos.
Roberto Romero


