Todos los sábados hago lo mismo.
Me siento con mis metas, miro lo que hice en la semana y me hago una sola pregunta: ¿esto que hice me acercó a donde quiero estar o fue ruido?
No es una revisión motivacional. Es una revisión honesta.
¿Qué avanzó de verdad? ¿Qué sonó productivo pero no movió nada? ¿Qué evité que debería haber enfrentado? ¿Qué funcionó y por qué? ¿Qué no funcionó y qué voy a cambiar?
Lo llamo cortar el ficus.
El ficus crece todo el tiempo. Si no lo podas, crece para todos lados sin forma, ocupa espacio que no es suyo y termina siendo un árbol que se ve grande pero no da fruto.
La semana funciona igual. Si no la cortas cada siete días, acumulas reuniones que no eran necesarias, tareas que parecían urgentes y no eran importantes, conversaciones que no llegaron a ningún lado, contenido que no conectó con nada de lo que quieres construir.
Cortar el ficus no es critica. Es mantenimiento.
La semana que no revisas es la semana que te convences de que estuviste ocupado cuando en realidad estuviste lleno de ruido.
Hoy en la tarde lo hago. Si quieres hacerlo también, las preguntas son simples: ¿qué avancé? ¿qué no avancé? ¿qué elimino la semana que viene? ¿cuáles son mis tres tareas que sí o sí mueven algo?
Eso es todo.
Roberto Romero
PD: La semana que entra arranca con lunes sin citas hasta el mediodía. Eso también es cortar el ficus — decidir cómo empieza la semana antes de que la semana decida por ti.


