Mismo gym, mismo horario, misma rutina. Hasta que me tocó al lado del tipo que más levanta peso ahí. El que hace flexiones como si fueran respiraciones.
Empezamos a levantar y simplemente me decía “Epa, le metemos mas?“.
Y yo: “Dale“
3 doritos después…
Empecé a levantar más peso del que normalmente agarro. Hice más repeticiones de las que me pongo de meta.
¿Por qué? Porque él me mostró que sí se podía.
Mis límites no eran físicos. Eran el techo que yo mismo me había puesto sin cuestionarlo nunca. “Hasta aquí llego yo.” ¿Quién lo dijo? Yo. ¿Cuándo lo comprobé de verdad? Nunca.
Me acordé de Never Back Down, una de mis películas favoritas. Hay una frase que lo resume todo: para llegar arriba tienes que enfrentar los retos más duros de frente y negarte a rendirte cuando te tumban (en ingles y durante la película suena mas poderoso aun).
No es motivación de póster. Es que el ambiente donde te pones cambia lo que crees posible.
Si siempre entrenas solo con tu mismo techo, siempre llegas al mismo techo. Ponerse al lado de alguien que opera en otro nivel no es intimidante, es el mejor impulso que existe.
Eso aplica en el gym. Aplica en los negocios. Aplica en todo.
¿Con quién la estás pasando esta semana?
Roberto Romero
PD: El pana ni sabe que me ayudó. Por eso también funciona, no necesitas que nadie te entrene. Solo necesitas estar en el cuarto correcto.


