Semana 4 de la serie: Consejos brutalmente honestos a mi yo más joven.
Roberto.
Tienes 26 años. Estás construyendo tu primera empresa. Llevas meses sin dormir bien, comiendo como puedas, trabajando los fines de semana porque tienes miedo de que si paras un momento todo se caiga.
Sé dónde estás porque yo estuve ahí.
Y tengo que decirte algo que nadie te va a decir de frente: estás destruyendo el activo más importante que tiene tu negocio. Que eres tú.
En 2020, un cardiólogo, amigo de tu tío, te va a decir algo que no vas a olvidar. Que tienes la tensión altísima. Que estás al borde de la hipertensión. Y que si sigues así, puedes darte un infarto antes de los 30.
Treinta años. Ni los tienes todavía.
Vas a llegar a esa consulta solo. Sin decirle a nadie que ibas. Porque llevas meses con dolores en el pecho y decidiste que probablemente era estrés y que ya se pasaría.
Spoiler: no se pasa solo.
Lo que vas a entender ese día, y ojalá lo entendieras hoy, es que habías confundido el sacrificio con la estrategia. Creías que mientras más te quitabas a ti mismo, más le dabas al negocio. Que dormir poco era señal de que eras serio. Que comer mal era el precio de crecer rápido.
Nada de eso era verdad.
Un fundador roto por dentro no toma buenas decisiones. No ves los problemas con claridad. Reaccionas mal con tu equipo. Pierdes perspectiva. Y el negocio lo resiente, aunque en ese momento no lo parezca.
Lo que el cardiólogo te va a enseñar sin querer es lo que después vas a leer en el estoicismo: hay cosas que puedes controlar y cosas que no. Tu salud está en las que puedes controlar. Y la estás descuidando a propósito.
Así que escúchame:
Duerme. No como premio, como condición mínima para funcionar. Come. Muévete. Sal del trabajo antes de que el trabajo salga de ti. No todo va a colapsar si cierras la laptop a las 7. Y si colapsa, ese colapso te iba a llegar de todas formas, solo más tarde y con más daño.
Tus papás tienen razón cuando te dicen que bajes dos. Tu socio también tiene razón cuando ve que estás mal. El problema no es que nadie te lo diga. El problema es que no te lo crees todavía.
Créetelo ahora. No en dos años.
Si tú no estás bien, tu negocio no va a estar bien. Esa es la frase. Simple, sin adornos. La vas a repetir mucho de grande. Empieza a vivirla ahora.
Roberto Romero


