El resultado era una basura.
Llevábamos horas con la IA.
Enzo y yo llevábamos horas.
Prompts, versiones, ajustes. Más prompts. Más versiones.
Estábamos intentando definir nuestra membresía. Cómo presentarla, qué decir, cómo venderla. Y la IA nos devolvía textos correctos, ordenados, sin una sola errata.
Y vacíos.
Completamente vacíos.
En algún punto Enzo me dijo: paremos.
Nos llamamos. Abrimos nuestras libretas. Y empezamos a escribir a mano lo que sabíamos.
Los dolores reales de la gente a la que queremos ayudar. Las cosas que nosotros mismos vivimos cuando estábamos empezando. Los mensajes que nos habían funcionado. Las conversaciones que habíamos tenido con personas que estaban exactamente donde está nuestro cliente.
Sin prompts. Sin herramientas. Solo nosotros dos hablando y escribiendo.
En una hora teníamos más de lo que habíamos conseguido en todo el día anterior.
La IA es buena para muchas cosas.
Para poner tu alma en algo, no sirve.
Y un negocio sin alma es un negocio que no conecta. Puedes tener el mejor sistema, el mejor funnel, la mejor automatización. Si lo que dices no suena a ti, la gente lo siente. No sabe exactamente qué es. Pero lo siente.
El alma de lo que haces tienes que ponerla tú. Nadie más puede hacerlo. Y si dejas que una herramienta lo haga por ti, vas a dar vueltas y vueltas generando cosas que se parecen a lo que quieres decir pero que no son tú.
Lo que salió de esa llamada con Enzo es nuestra membresía.
Lo que somos, lo que hacemos, lo que prometemos. Escrito por dos personas que han vivido lo que le prometen a quien entra.
Está en lanzamiento. 50% de descuento. Por poco tiempo.
Si tienes una comunidad en Instagram y un proyecto que quieres convertir en tu trabajo principal, esto es para ti.


