En el vuelo de regreso vi algo que me dejó pensando toda la noche
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Venía de Houston.
Acababa de vivir uno de los momentos más inspiradores del año. YLAI. El tipo de evento que te recuerda por qué empezaste. Y ahí estaba yo, en el avión hacia Bogotá, con esa energía encima, buscando qué ver.
Puse la película de Fórmula 1. La de Brad Pitt.
No tenía grandes expectativas.
Me equivoqué.
Hay una escena donde el piloto tiene que tomar una decisión en décimas de segundo: seguir la estrategia que el equipo diseñó durante semanas, o arriesgarse en ese momento y atacar.
Los ingenieros por radio. Los datos en pantalla. Todo diciéndole qué hacer.
Y él tiene que elegir.
Lo que hace después no voy a contártelo aquí.
Pero sí te digo lo que pensé en ese momento: esa escena no es de Fórmula 1. Es de cualquier negocio. Es de cualquier decisión importante que hayas tenido que tomar en los últimos doce meses.
¿Cuántas veces tienes la estrategia clara, el plan armado, los pasos definidos — y en el momento de ejecutar te preguntas si deberías improvisar?
¿Y cuántas veces esa duda te costó la carrera?
La diferencia entre estrategia y riesgo no es lo que crees.
Y mañana te cuento exactamente cuál es.
Hay algo más que vi en esa película que me cambió la perspectiva sobre cómo estoy construyendo mi negocio.
No es sobre velocidad. No es sobre talento.
Es sobre dónde pones los ojos cuando estás corriendo.
Mañana lo tienes en tu bandeja.
PD. La otra película que puse fue El Pasante de Moda. También buenísima. Hay algo en ver esas dos seguidas viniendo de un momento como YLAI que te reordena la cabeza de formas que no esperas.


