Esta semana encontré una agenda que tenía guardada desde 2024.
La agarré sin mucha expectativa, la abrí por la primera página y me quedé leyendo una hora.
Escribo todos los días. En la mañana y en la noche. No sé si llamarlo journaling ni me importa el nombre. Es mi forma de meditar, de procesar lo que está pasando, de ordenar la cabeza antes de empezar y de cerrar el día con algo que no sea la pantalla del teléfono. Lo hago desde hace bastante tiempo pero nunca me había puesto a releer todo junto.
Esa agenda me sorprendió.
No por los logros, aunque los hubo y fueron enormes, más de lo que yo mismo recordaba. Sino por lo que me preocupaba en ese momento. Las cosas que me quitaban el sueño, los problemas que sentía que no tenían solución, las decisiones que me parecían imposibles de tomar. Las leí con una mezcla de ternura y alivio porque todo eso ya pasó y yo ni me acordaba de que había pasado.
Eso es lo que más me llegó. No el crecimiento en números. La madurez.
Las cosas que en 2024 me afectaban al punto de escribirlas a las 9 de la noche con angustia, hoy no me mueven. No porque me haya vuelto insensible. Sino porque crecí. Tomé decisiones, me equivoqué, aprendí, y algo en el proceso fue convirtiéndome en alguien que maneja mejor lo que antes lo desarmaba.
También vi algo que me gustó encontrar ahí: desde ese momento ya estaba con el newsletter y con la marca personal. Las primeras notas, los primeros intentos, los primeros borradores malos que nunca le mandé a nadie. Dos años después eso se convirtió en lo que es hoy. No porque haya tenido un momento de inspiración. Sino porque lo hice. Muchas veces. Cada vez un poco mejor.
Eso es lo único que funciona: cadencia. Hacer algo consistentemente hasta que se vuelva bueno sin que te des cuenta de cuándo pasó.
Si estás empezando algo, ya sea escribir, un newsletter, un negocio, un hábito, y sientes que no avanzas, agarra un papel y escribe dónde estás hoy. Lo que te preocupa, lo que quieres, lo que te parece imposible. Guárdalo.
En dos años lo vas a leer y vas a entender que sí estabas avanzando. Solo que no se veía todavía.
Roberto Romero


