Eres adicto al estrés.
Y tu cuerpo lo pide como una droga.
El otro día estaba viendo un episodio de Tengo un Plan con Juan Lucas Martín, psicólogo clínico que convirtió una enfermedad incurable y una lesión de columna en una misión de vida.
Dije: “bueno, veamos.”
A los diez minutos tuve que pausar.
Dijo algo que no esperaba.
Que somos adictos a nuestras emociones a nivel celular.
No metafóricamente. Literalmente. Si llevas años viviendo en estrés, en miedo, en ansiedad, tus células se acostumbran a esa química. La esperan. La piden. Y cuando intentas cambiar, la célula entra en abstinencia.
Por eso no alcanza con querer cambiar. Por eso la fuerza de voluntad sola no funciona. No es debilidad de carácter. Es biología.
Tu cuerpo está pidiendo su dosis.
Y ahí conecté algo que me lleva tiempo dando vueltas.
Hay personas que saben perfectamente que algo les hace daño. El trabajo que los estresa, la relación que los agota, el pensamiento que los paraliza. Lo saben. Y no cambian.
No porque sean tontos. Sino porque el cambio produce abstinencia. Y la abstinencia duele más que quedarse.
Juan Lucas también dijo algo sobre el lenguaje. Que preguntarse ¿por qué me pasó esto? te encierra. Te deja mirando el problema sin salida. Pero preguntarse ¿para qué me pasó esto? abre algo distinto. Busca propósito. Busca aprendizaje.
Mismo evento. Distinta pregunta. Distinto cerebro.
No soy psicólogo ni pretendo serlo.
Pero sé que hay una diferencia enorme entre la gente que usa lo que le pasó como combustible y la que lo usa como excusa.
El “para qué” no borra el dolor. Solo lo pone a trabajar.
Eso, con práctica diaria, es lo que Juan Lucas llama desintoxicación celular. No un retiro de fin de semana. No un curso. Práctica. Todos los días.
Como cualquier otra disciplina que vale la pena.
PD: El episodio completo está en YouTube y Spotify, en Tengo un Plan. Vale la hora.

