Esta semana tuvimos errores con un cliente.
No voy a entrar en detalles porque no es el punto, pero fueron errores básicos. Del tipo que pasan cuando la comunicación interna falla y nadie lo nota hasta que ya está hecho. Lo de siempre que no debería ser lo de siempre.
Le pedí al cliente un meet.
Preparé una presentación punto por punto.
Explicar qué pasó exactamente, qué estaba mal, qué ya habíamos corregido y cuáles eran los próximos pasos. Sin rodeos. Sin hacer que el error pareciera más pequeño de lo que era.
Eso es control de daños.
Pero más que eso, es respeto.
Hay empresas que gastan fortunas en marketing para conseguir clientes y después los pierden porque cuando algo sale mal nadie levanta el teléfono. Prefieren rezar para que el cliente no se dé cuenta. Y el cliente siempre se da cuenta.
Lo que más vale en un negocio no es el portafolio ni los testimonios ni el precio.
Es tu palabra.
Si dices que entregas el martes, entregas el martes. Y si no puedes, lo dices antes del martes, no el miércoles con una excusa.
El error no te destruye. El silencio después del error, sí.
Asumir un error frente a un cliente no es debilidad. Es lo único que separa a un empresario de alguien que solo está jugando a serlo.
Roberto Romero


