Este correo te llega mientras estoy en el aire
Antes me aterraba volar. La razón era más ridícula de lo que imaginas.
Si estás leyendo esto, yo estoy volando.
Este mes me tocan más de 40 horas de vuelo. Proyectos buenos. Cosas que no esperaba y que agradezco. Y hace unos años eso me habría paralizado.
Le tenía miedo a los aviones.
¿La razón? Me costó un tiempo admitirla, pero era ridícula: no era yo quien piloteaba.
Así de simple. Así de absurdo. Tenía el ego tan inflado que la sola idea de que otra persona controlara algo en lo que yo estaba me generaba ansiedad. No confiaba. No cedía. Y eso se traducía en dos horas de turbulencia mental antes de subir a cualquier vuelo.
Lo que me cambió fue un libro que releo cada tres meses: La Ciencia de Hacerse Rico. Entre muchas cosas, me enseñó algo que parece obvio pero que no lo era para mí: respetar la experiencia y la sabiduría de los demás. El piloto lleva miles de horas haciendo exactamente eso. Yo llevo cero. ¿Quién debería estar en control?
La respuesta era obvia. Solo que mi ego tardó en aceptarla.
Lo otro que me ayudó fue el Memento Mori de los estoicos. Saber que en algún momento vas a morir y aceptarlo de verdad. No como frase bonita. Como realidad. Cuando integras eso, el miedo a la muerte pierde fuerza. Y si el miedo a la muerte pierde fuerza, el miedo a volar se vuelve casi ridículo.
Hoy disfruto volar. De verdad. No lo tolero. Lo disfruto.
Llevó tiempo. Llevó horas de vuelo. Pero la clave fue siempre la misma: fe y ceder el control.
Dos cosas que, curiosamente, también son la clave de casi todo lo demás en la vida.
¿Hay algo en tu vida donde el ego te esté costando más de lo que te da? Respóndeme.
PD: Si tu negocio es uno de esos lugares donde sigues queriendo controlarlo todo y eso te tiene atascado, la Sesión de Claridad Digital puede ayudar. A veces ceder el control empieza por tener claridad de qué no necesita tu mano encima. [Enlace →]
Gradatim ferociter.

