Semana 6 de la serie: Consejos brutalmente honestos a mi yo más joven.
Roberto, aprende a cuidar tu energía antes de que un proyecto te la quite toda.
No te estoy hablando de burnout ni de frases motivacionales. Te estoy hablando de algo muy concreto: hay proyectos que desde el primer día huelen raro. El cliente responde tarde y exige rápido. Las reuniones duran el doble de lo necesario y terminan sin decisiones. Te piden cambios que no estaban en el alcance y cuando los cobras, se enojan. Y tú sigues ahí, aguantando, porque la factura es buena y ya firmaste.
Eso tiene un costo que no sale en ninguna hoja de cálculo.
Cuando estás metido en un proyecto tóxico, no solo pierdes tiempo. Pierdes la energía que necesitas para los proyectos buenos, para pensar con claridad, para atender bien a los clientes que sí vale la pena atender. El proyecto tóxico no te quita solo horas. Te quita el estado mental con el que entras al trabajo cada mañana.
Y lo peor es que lo sabías desde el principio. La primera llamada ya te dijo todo lo que necesitabas saber. Pero lo aceptaste porque necesitabas el dinero, o porque no querías decepcionar a nadie, o porque pensaste que iba a mejorar.
No mejoró.
Lo que vas a aprender con el tiempo, y ojalá lo aprendieras antes, es que es mejor no tener el proyecto que tener uno que te destruye por dentro. No por dramático. Por matemática simple: si ese cliente te paga 3,000 dólares y el estrés que genera te hace perder rendimiento en todo lo demás, el costo real de ese proyecto es mucho más que 3,000 dólares.
Al final, lo tóxico sale más caro. Siempre.
Cuida a qué le dices que sí. Cuida a quién dejas entrar a tu operación. Y cuando algo huela mal desde el principio, confía en eso. Tu instinto no te está pidiendo que seas difícil. Te está pidiendo que te cuides.
Roberto Romero


