Hoy estoy en el Caracas Summit.
Voy como asistente. No a hablar ni a vender. Voy a mirar cómo está el ecosistema de emprendimiento y tecnología en Venezuela, porque el año que viene vamos a traer a Venezuela un evento MUY grande y necesito entender bien el terreno.
Voy con una regla: no decidir nada ahí.
Los eventos te llenan de energía. Conoces gente, escuchas ideas, todo parece posible. Es justo el momento en que un fundador dice que sí a cosas que una semana después no puede sostener.
Yo también decidía así. Por eso cambié la forma en que decido.
Primero: no tomo decisiones ni cuando estoy molesto ni cuando estoy muy feliz. Las dos emociones mienten. La rabia exagera el problema. La euforia exagera la oportunidad.
Segundo: escribo las decisiones a mano. Escribir lento me obliga a ver qué quiero hacer y por qué. Lo que no aguanta una hoja de papel no aguanta un mes de ejecución.
Tercero: se las paso a JARVIS, la IA que conoce mi empresa, sus finanzas y su contexto. No le pido que me dé la razón. Le pido que sea crítico y objetivo, y que me muestre lo que no quiero ver.
Para mí esto es estoicismo práctico. No controlo lo que voy a escuchar hoy ni las emociones que me va a despertar. Sí controlo cuándo y cómo decido.
Así que hoy voy a escuchar, anotar y volver con preguntas. Las decisiones vendrán después, en frío y por escrito.
Si conoces a un fundador que decide en caliente, reenvíale esta nota. Puede que le ahorre un sí del que se arrepienta.
Roberto
P. D. Lo que vea hoy en el Caracas Summit seguramente termine en una próxima nota.

