Hace unas semanas tuvimos la retrospectiva de MWS con todo el equipo.
Blanca, que lleva QA, se tomó un momento para repasar todo lo que logramos en el Q3. Lo que salió, lo que mejoramos y los clientes nuevos que llegaron este año, uno por uno.
Y me cayó algo encima: yo no me había detenido a verlo.
Me pasa desde siempre. Llego a una meta y ya estoy mirando la siguiente. Supongo que es parte de ser el Visionario. Pero tiene un costo: nunca se siente suficiente. Y el equipo no ve que lo que hace llega a algún lado.
Hace poco me pasó lo mismo en casa. Con mi esposa nos sentamos a hablar de las metas que cumplimos este año y de las del año que viene. Los países que conocimos, los viajes. Y una de las mías: este año quería ser ponente en GoFest. Lo logré.
Belloooo Camellooo. Así, con todas las letras.
Decirlo en voz alta se sintió distinto. No por ego. Nombrar lo logrado te ubica: sabes dónde estás, cuánto caminaste y con qué energía sigues.
Ahora intento hacerlo a propósito. Parar, mirar atrás y decir: lo estamos logrando. Después sí, ir por lo siguiente. Y el año que viene trae eventos que me tienen emocionado.
Hoy salgo a Barinas a hacer rafting el fin de semana. También es una forma de celebrar.
Te dejo un ejercicio para estos días: escribe tres cosas que lograste este año y que pasaste de largo. Solo tres.
Y si te animas, respóndeme con una. Me encantaría celebrarla contigo.
P. D. Si lideras un equipo, haz el mismo ejercicio con ellos el lunes. Te va a sorprender lo que no sabías que habían logrado.

