La vida es para todos menos para los cobardes.
Si.
Llevo tres meses leyendo a Isra Bravo.
Sus libros. Sus podcasts. Sus emails. Todo lo que ha publicado.
Y hay algo que se repite, de distintas formas, en todo lo que hace:
La cobardía no es dramática. No tiene música de fondo. No avisa.
La cobardía es silenciosa. Cotidiana. Casi invisible.
Es el precio que no cobras porque tienes miedo de que digan que eres caro.
Es la propuesta que no mandas porque no estás seguro de que seas suficientemente bueno.
Es el negocio que llevas años queriendo arrancar y sigues esperando el momento perfecto.
Es la conversación difícil que postergás porque es más cómodo no tenerla.
Es quedarte en el lugar equivocado porque al menos es conocido.
Nadie te va a llamar cobarde por eso. Tú mismo no te lo vas a decir.
Pero lo es.
Isra lo escribe sin anestesia: la vida es para todos. Pero solo la viven los que se atreven.
Los demás la ven pasar.
Y lo peor no es perder oportunidades. Lo peor es acostumbrarse. Volverse experto en justificar por qué todavía no es el momento. Por qué este cliente no era el indicado. Por qué hay que esperar un poco más.
Yo he sido ese cobarde en distintos momentos de mi vida.
He dejado de serlo en algunos. En otros, todavía trabajo en ello.
Lo que estos tres meses leyendo a Isra me enseñaron es que el coraje no es la ausencia de miedo.
Es hacer lo que tienes que hacer aunque el estómago te diga que no.
Mandar la propuesta aunque no estés seguro. Cobrar lo que vale aunque te parezca mucho. Soltar lo que no funciona aunque hayas invertido años en ello. Arrancar aunque no estés listo.
Nadie está listo. Nunca.
La vida es para todos.
Pero solo se la quedan los que deciden, aunque tengan miedo, que es hoy.
¿Qué estás postergando tú?
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