El jueves abrí un taller de IA con una pregunta sencilla.
¿Con cuántos agentes de IA han hablado últimamente?
El chat del banco. El WhatsApp de un proveedor. El asistente de una aerolínea. Les pedí levantar la mano si había sido más de uno.
Ajá. Ya hablamos con IA todos los días, aunque no lo pensemos así.
Pero la pregunta que me interesaba era la siguiente:
¿Quién en tu empresa controla lo que responde tu agente?
No quién lo instaló. No quién paga la herramienta. Quién decide qué puede decirle a un cliente y qué no.
Epa, aquí está lo importante: la IA no se equivoca como una persona. Se equivoca a escala. Si nadie definió sus límites, responde lo que puede, no lo que debe.
Por eso el taller no terminó en teoría. Terminamos con tres cosas que cualquier empresa puede tener la semana que viene:
Una política de uso de IA. Una página, no un manual.
Un semáforo de datos. Qué información puede entrar a una IA, cuál con cuidado y cuál nunca.
Una matriz de impacto y esfuerzo. Para elegir por dónde empezar sin perseguir cada herramienta nueva.
Nada de eso requiere programar. Requiere decidir.
Respóndeme este correo: ¿en tu empresa, quién decide qué puede responder la IA a un cliente?
Roberto
P. D. Gracias a la Cámara Francesa y a José Avendaño, de Domotai, que habló de gobernar la IA antes de que decida sola. Si quieres este taller en tu empresa, responde este correo.

