Lo que hago cada domingo
Antes de que empiece la semana
Todos los domingos hago lo mismo.
Agarro una hoja en blanco. Dibujo un círculo grande en el centro.
Adentro escribo todo lo que puedo controlar esta semana. Afuera escribo todo lo que no puedo.
Eso es todo.
Diez minutos. Una hoja. Un círculo.
Y cuando termino tengo más claridad que después de dos horas de planificación.
El ejercicio viene de los estoicos.
Epicteto lo llamó la dicotomía del control. Marco Aurelio lo vivía antes de que existiera ese nombre.
La idea es brutal en su simplicidad:
Hay cosas que dependen de ti. Hay cosas que no dependen de ti.
La ansiedad casi siempre vive en la segunda categoría.
El dólar. El algoritmo. Lo que piensa ese cliente. Si llueve el día de la reunión. Si alguien comparte tu contenido. Si la economía mejora o empeora.
Nada de eso entra en el círculo.
Lo que sí entra:
A qué hora me levanto. Cuántas propuestas envío. Qué publico esta semana. Cómo hablo con mi equipo. Si entreno o no. Si preparo las reuniones o llego improvisando.
Eso es todo lo que existe para mí esta semana.
Lo que está afuera del círculo no merece ni un minuto de energía mental.
El resultado no es solo productividad.
Es paz.
Hay una diferencia enorme entre empezar la semana con la cabeza llena de todo lo que podría salir mal y empezarla sabiendo exactamente en qué vas a poner tu energía.
El primero te paraliza. El segundo te lanza.
Hazlo hoy.
Hoja en blanco. Círculo grande. Diez minutos.
Adentro: lo que controlas. Afuera: lo que no.
Y cuando termines, bota la parte de afuera.
Literalmente. Si quieres.
Esa es tu semana.
PD: Lo que está fuera del círculo no desaparece. Sigue existiendo. La diferencia es que ya decidiste no dejarle espacio en tu cabeza. Eso es lo que cambia todo.


