Me desperté a las 8. Ese día no existió.
“cinco minutos más”
Hay días que me levanto a las 5am.
Gym. Silencio. Café antes de que el mundo empiece a pedir cosas. Esas mañanas siento que el día me pertenece.
Y hay días que no.
Días que apago la alarma, me digo “cinco minutos más” y aparezco a las 8 con el teléfono en la mano y ya hay 23 mensajes sin leer.
Esos días no rinden. No porque haya menos horas. Sino porque las primeras horas son las únicas que son tuyas.
El resto del día es de todos los demás.
Marco Aurelio era el hombre más poderoso del mundo.
Podía levantarse cuando quisiera. Y en sus Meditaciones — un diario que escribió para él solo, nunca pensó que lo leeríamos — se escribe esto (parafraseando):
“¿Es esto para lo que estás aquí? ¿Para acurrucarte bajo las cobijas y estar calientito?”
El emperador de Roma. Hablándose duro a sí mismo en la oscuridad.
No porque alguien lo viera. Sino porque él sabía lo que se perdía cuando no lo hacía.
Lo que aprendí no es que hay que levantarse a las 5am todos los días sin excepción.
(Y hasta los fines de semana le agarras el gusto por lo productivo que puedes ser)
Lo que aprendí es que cuando no lo hago, el objetivo no es castigarme.
Es no dejar que un día malo se convierta en dos.
La autoflagelación no te devuelve la mañana. Solo te quita energía para la siguiente.
Un día perdido es un día perdido. El siguiente empieza de cero.
PD: La alarma que más cuesta apagar no es la del teléfono. Es la voz que te dice que total, ya es tarde, ya qué.


