Nadie te va a decir esto sobre el dinero. Yo sí.
Hay una motivación más poderosa que cualquier propósito abstracto.
Hay una frase que escucho mucho en el mundo del emprendimiento.
“El dinero no es lo más importante.”
Y cada vez que la escucho pienso lo mismo: el que dice eso nunca ha tenido que mirar a sus padres a los ojos y no poder ayudarlos.
Yo quiero hacer dinero. Mucho. Sin disculparme por ello.
No para tener un yate. No para que me vean en Instagram con cosas caras. Sino porque hay personas concretas en mi vida que merecen que yo gane.
Mis viejos. Que dieron todo siempre. Poder cuidarlos, protegerlos, darles tranquilidad es una de las cosas más sabrosas que existe.
Mis hermanos. Mis amigos. Mi esposa, que es mi ride or die en todo sentido de la palabra.
Cuando trabajo, trabajo por ellos. Cuando empujo más de lo que se supone que debo empujar, es por ellos.
Esa motivación no la encuentras en ningún libro de autoayuda. No te la da ningún coach. Es tuya. Es concreta. Tiene cara y nombre.
Y es infinitamente más poderosa que cualquier propósito abstracto que alguien te venda en un curso de 997 dólares.
El problema es que a mucha gente le da vergüenza admitirlo. Como si querer ganar dinero para los tuyos fuera algo sucio. Como si la ambición fuera un defecto de carácter.
No lo es.
El dinero es una herramienta. La más versátil que existe. Compra tiempo, compra opciones, compra seguridad. Y cuando la usas para proteger a las personas que amas, se convierte en algo más.
Se convierte en amor ejecutado.
Así que la próxima vez que alguien te diga que el dinero no lo es todo, pregúntale si alguna vez ha podido pagar la operación de uno de sus viejos sin pedirle nada a nadie.
Yo quiero poder hacer eso. Y mucho más.
Y eso me basta para levantarme cada mañana con más ganas que el día anterior.
Roberto.

