Si te juntas con pendejos...
Te conviertes en pendejo.
Durante años fui a reuniones que odiaba.
Fiestas de gente con la que no tenía nada en común. Eventos de networking donde todos fingían estar ocupadísimos y nadie cerraba nada. Compromisos sociales que aceptaba para no quedar mal.
Y me inventaba excusas elaboradas para salir del paso. “Se me complicó la agenda.” “Tengo un compromiso previo.”
Mentiras. Para no incomodar a personas que tampoco me importaban tanto.
Un día me harté.
Empecé a decir: no voy porque no quiero. Sin explicación. Sin drama. Sin culpa.
Y el mundo no se acabó.
Epicteto lo dijo hace dos mil años y nadie le hizo caso:
“Si pasas tiempo con alguien que cojea, tú también empezarás a cojear.”
No es metáfora motivacional de Instagram. Es una observación real sobre cómo funciona el cerebro humano.
Te conviertes en el promedio de las personas con las que pasas tiempo. Punto.
Si te rodeas de gente que se queja, te quejarás.
Si te rodeas de gente que ejecuta, ejecutarás.
Si te rodeas de gente que lleva diez años “a punto de lanzar su proyecto”, adivina.
Ahora la pregunta incómoda:
¿Las últimas cinco personas con las que pasaste tiempo te están llevando hacia donde quieres ir o te están frenando?
No tienes que responderme a mí. Pero respóndete a ti.
Porque si la respuesta te incomoda, el problema no es la pregunta.
Decir que no sin dar explicaciones no es ser maleducado. Es ser honesto con tu tiempo.
Las personas que te respetan de verdad aceptan un no sin necesitar un porqué. Las que no lo aceptan te acaban de decir exactamente por qué dijiste que no.
Roberto Romero.
PD: “No puedo” cuando sí puedes es una mentira pequeña que se acumula. “No quiero” es una frase completa. Pruébala esta semana.


