Después del terremoto del 24 de junio dejé de leer la Agenda del Diario para Estoicos.
No fue una decisión. Fue que la vida se interpuso y la agenda quedó ahí, en la mesa, acumulando polvo junto con mis planes de ese mes.
Hoy la retomé.
Abrí exactamente en la página que me correspondía — el 24 de junio — y la pregunta del día era esta:
“¿De verdad necesito discutir y pelear tanto?”
Me quedé un momento mirando la frase.
Porque ese día, justo ese día, hubo discusiones. Hubo tensión. Hubo cosas que se dijeron con más fuerza de la necesaria porque el suelo literalmente se había movido horas antes y todo el mundo estaba alterado.
Y la página siguiente decía: Lo que se cruza en tu camino es el camino.
No hay casualidades de ese tamaño.
O sí las hay, y simplemente les llamamos así para no aceptar que el universo a veces es más preciso que nosotros.
Da igual. El punto es este: lo que te pasa no te interrumpe. Te enseña. El problema es que la mayoría lo lee como obstáculo y sigue corriendo en la misma dirección, preguntándose por qué nada cambia.
El terremoto me sacó de la rutina. Me alejó de la agenda. Y cuando la retomé me esperaba la pregunta exacta que necesitaba.
¿Casualidad? Puede ser.
¿O es que la vida lleva un rato tratando de decirte algo y tú llevas un rato ignorándolo?
Una pregunta para hoy: ¿qué se cruzó en tu camino últimamente que decidiste llamar problema en vez de mensaje?
Roberto Romero
PD: Los estoicos no creían en la suerte. Creían en la preparación y la percepción. Las dos cosas que menos practicamos.


