El viernes por la noche no podía dormir.
Pecho apretado, cabeza dando vueltas entre cosas que no terminé, cosas que empecé sin terminar y cosas que debería haber empezado hace dos semanas. Esa ansiedad sin motivo concreto que es la peor de todas porque no puedes atacar nada — solo la aguantas y le das vueltas al teléfono sin chequearlo y lo chequeas igual.
El sábado decidí subir el Ávila. Sin plan. Yo solo. Necesitaba respirar (y acaso no lo hacemos todos los días? pues no).
Cuando llegué arriba había un grupo enorme de guacharacas haciendo el escándalo de siempre. Si no conoces las guacharacas, son básicamente el pájaro que Dios creó cuando estaba de mal humor — ruido permanente, sin filtro, sin disculpas.
Me senté en la grama, me quité los zapatos y saqué el cuaderno.
Y ahí fue cuando apareció ella.
Una guacharaca con la pata mala. Cojeaba. Se separó del grupo, caminó raro hacia donde yo estaba y se sentó a mi lado. Así mismo. Sin preguntar.
No sé si tenía ansiedad también o si solo quería un amigo. Pero se quedó ahí, tranquila, mirando el mismo paisaje que yo.
Y algo pasó que no esperaba.
Dejé de pensar en la semana. Dejé de pensar en lo pendiente. Estaba ahí, en esa grama, con una guacharaca coja como compañía, mirando Caracas desde arriba.
Presente. Por primera vez en días.
No sé si fue la inspiración de mi nuevo amigo o qué, pero abrí el cuaderno y empecé a escribir sin dirección. Lo que salía, salía. Y en medio de ese desorden apareció una pregunta.
¿Qué quiero?
No qué debo hacer. No qué me conviene. No qué están esperando de mí.
¿Qué quiero yo?
Me quedé un rato con eso y algo se destrabó. Empecé a escribir respuestas reales. Salió un norte. Del norte salió un plan. Del plan salió calma.
Bajé diferente.
La ansiedad no era exceso de trabajo. Era falta de dirección. Cuando no sabes lo que quieres, todo parece urgente porque no tienes con qué filtrar nada.
La claridad no es un lujo. Es la condición mínima para que funcione lo demás.
Hazte esa pregunta esta semana. En papel, no en el teléfono. Sin apuro.
¿Qué quieres?
Si lees este correo y asientas diciendo “wow si es lo que necesito, es verdad“… SAL Y HAZLO!! YA! Sin pensarlo.
PD: Te presento a mi nuevo amigo.
Roberto Romero



Que gracia que digas "El pájaro que Dios creó cuando estaba de mal humor" definitivamente son de los animales que te hacen conectar con la naturaleza a la fuerza, pues de otro modo perderías la cabeza.