Roberto, la constante tiene que ser una sola: generar dinero de verdad.
No ideas geniales. No proyectos que van a cambiar el mundo. No productos que todos van a amar.
Dinero. Real. En la cuenta.
Sé que eso suena frío. Sé que en ese momento tienes la cabeza llena de “esto es diferente”, “esto va a ser enorme”, “todo el mundo lo va a querer.” Lo entiendo. Yo también lo pensé. Y cada vez que lo pensé con ese ego inflado, el mercado me corrigió con una factura sin pagar.
El ego no paga las cuentas. El capital sí.
Y el capital viene en tres formas que tienes que aprender a construir al mismo tiempo: capital económico, que es la plata; capital social, que son las relaciones que abren puertas; y capital intelectual, que es lo que sabes hacer mejor que otros.
Enfócate en generar una fuente sólida de cada uno. No las tres perfectas al mismo tiempo. Una primero, con seriedad, hasta que produzca. Después la siguiente.
El emprendedor que construye desde el ego necesita que todos validen su idea para seguir. El que construye desde el capital sabe si está funcionando porque los números se lo dicen.
Uno depende de la opinión de los demás. El otro no necesita permiso de nadie.
¿Cuál quieres ser?
Te lo digo yo. Que soy tú.
Roberto Romero
PD: Semana 3 viene. Guarda esto para cuando el ego vuelva a hablar más duro que los números. Porque va a pasar.


